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Proyecto de Investigación Santander-Universidad Complutense de Madrid (PR26/16-20330)

Esta página web responde a los trabajos realizados en la investigación sobre Evaluación del recuerdo y otros trastornos psicológicos asociados a trauma / Assessment of memories and other psychological disorders associated to trauma, desarrollado por el Grupo UCM de Investigación en Psicología del Testimonio (ref. 971672), en el marco del proyecto titulado Evaluación de necesidades psicosociales en refugiados y solicitantes de asilo

Trauma en refugiados y víctimas de guerra



Se considera refugiado a “una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento y es incapaz, o, debido a tal miedo, no está dispuesto a servirse de la protección de aquel país; o de quien, por no tener nacionalidad y estar fuera del país de su antigua residencia habitual como resultado de tales eventos, es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesto a volver a éste” (Convención sobre el Estatuto de los Refugiados; ONU, 1951)
Las personas que han solicitado asilo en países de la Unión Europea y concretamente en España ha crecido notablemente desde 2011, principalmente por el conflicto ucraniano y sirio. Así, 1.287.100 de personas pidieron por vez primera asilo en la Unión Europea entre enero de 2015 y enero de 2016 (Oficina Estadística de la Unión Europea, 2016).
No obstante, Europa no es el único lugar de destino de los refugiados, así por ejemplo, son cientos los que han llegado en los últimos años a Chile, un 50% de ellos procedentes de zonas en conflicto de Colombia, pero también de Afganistán, Siria o Palestina.
Los solicitantes de asilo en Europa proceden principalmente y en este orden de los siguientes países: Siria, Ucrania, Mali, Argelia, Palestina, Nigeria, Pakistán, Somalia, Venezuela e Irak (Comisión Española de Ayuda al Refugiado, 2014).
Al margen de cuál sea la resolución de la solicitud de asilo; esto es, que sean reconocidos como personas refugiadas, reciban protección internacional o protección subsidiaria, la realidad es que estas personas se han expuesto a un proceso de migración que lleva implícito una serie de fases en las que experimentan una sucesión de estresores y situaciones que les pueden marcar en lo sucesivo (Zimmerman, Kiss y Hossain, 2011).

Los niños, combatientes involuntarios

10-FEB-2018

El 12 de febrero se conmemora el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldado. Actualmente hay unos 300.000 menores víctimas de reclutamiento y que participan en más de 30 conflictos en todo el mundo.
 
   

Los menores son víctimas inocentes de las atrocidades de la guerra. Para ellos, el regreso a su vida y la recuperación de la niñez es de difícil a imposible. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 

1. Actualmente, hay unos 300.000 niños y niñas soldado que participan en más de 30 conflictos en todo el mundo, según datos de Unicef. Son críos que se ven abocados a vivir la guerra de verdad, convirtiéndose en combatientes involuntarios. Cada 12 de febrero se conmemora el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldado. En la imagen, uno de ellos recién liberado de las garras de la violencia, en Sudán del Sur, el pasado 7 de febrero. STEFANIE GLINSKI AFP



2. Un niño soldado recién sacado de la batalla posa con su rifle durante la ceremonia de liberación en Yambio, Sudán del Sur, el pasado 7 de febrero. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
3. Más de 300 niños soldados, incluidas 87 niñas, fueron liberados en esta región (Yambio), devastada por la guerra de Sudán del Sur. STEFANIE GLINSKI AFP

 
4. Un programa de la ONU trata de ayudarles a reintegrarse en la sociedad después de haber participado en la lucha armada. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
5. El programa de integración en Yambio, que se encuentra en el sur del país, tiene como objetivo ayudar a 700 niños soldado a regresar a la vida normal. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
6. Poco después de lograr su independencia en 2011, Sudán del Sur se sumió en una guerra civil. En este conflicto se han reclutado sistemáticamente niños como soldados. "Durante el tiempo en el que estos niños están vinculados a las fuerzas y grupos armados, son testigos y víctimas de terribles actos de violencia e incluso son obligados a ejercerla. Los traumas emocionales que esto les puede provocar son difíciles de superar", advierte Unicef. STEFANIE GLINSKI AFP



7. Algunos críos son secuestrados; a otros, la pobreza, los malos tratos, la presión de la sociedad o el deseo de vengarse de la violencia contra ellos o sus familias les llevan a unirse a grupos armados y empuñar un arma. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
8. Los niños, dice Unicef, son víctimas inocentes de las atrocidades de la guerra. Para ellos, el regreso a su vida y la recuperación de la infancia es tan difícil que puede parecer casi imposible. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
9. Además de las secuelas psicológicas y emocionales, los niños también padecen consecuencias físicas que pueden ser causadas por la batalla o ser fruto de las torturas y abusos por parte de los jefes. Muchos niños son mutilados, sufren desnutrición o incluso enfermedades de transmisión sexual. En el caso de las niñas, muchas se quedan embarazadas por abusos sexuales. STEFANIE GLINSKI AFP



10. Los expertos advierten de la dificultad de los pequeños para salir de la espiral de violencia que han vivido. En primer lugar, porque pasan en el grupo o fuerza armada los años en los que desarrollan su personalidad y aprenden a convivir en un entorno jerárquico y de violencia. Además, no han podido ir a la escuela y esto hace que sus oportunidades de un futuro mejor se reduzcan enormemente. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
11. La Representante Especial de la ONU para Niños y Conflictos Armados, Virginia Gamba, celebra la liberación de más de 300 niños, incluidas 87 niñas, en Sudán del Sur. "Estos niños ahora tienen la oportunidad de reconstruir sus vidas. No podemos defraudarlos y pido a la comunidad internacional que apoye su reinserción proporcionando los recursos adecuados", asegura. STEFANIE GLINSKI AFP
 
 
12. El 60% de los miembros de la milicia en República Democrática del Congo (RDC) son menores de edad y la mayor parte de ellos son menores de 15 años, según datos de la ONG World Vision. Tshibola fue uno de ellos. Un día se despertó con el sonido de las armas mientras la milicia, todos con sus pañuelos rojos, rodeaban la casa. Entraron y encontraron su escondite. Su familia no estaba en ninguna parte. Había huido en la noche, dejando atrás a Tshibola. La milicia registró la casa en busca de cualquier arma que pudiera haber quedado, pero no encontró nada. Ataron a Tshibola y estaban listos para matarla. Pero le ofrecieron la opción de unirse a ellos si quería seguir con vida. Secuestrada, lejos de su hogar y sin otra opción, aceptó. "Pasamos dos días de ceremonias de iniciación", explica Tshibola. "Me dieron alcohol y al segundo día dijeron que íbamos a la batalla. Los militares comenzaron a disparar cuando llegamos, y me caí al suelo (Tshibola había recibido varios disparos en las piernas). El hijo del comandante militar también había sido forzado a entrar en la milicia, pero fue asesinado". Los militares trataron de curarla y luego la llevaron al campamento militar en Kananga, en Kasai Central, para recibir tratamiento. Resultar herida fue su salvación porque Tshibola acabó llegando a un centro gestionado por World Vision para ex niños soldado, cojeando con muletas, pero viva. Actualmente, sigue en el centro, esperando noticias de su familia. WORLD VISION 

 
13. "Mi nombre es Matthieu. Tengo 13 años y estaba en quinto grado antes de la crisis. Tengo una hermana de cinco años y un hermanito de siete. Tenía dos hermanos mayores, pero murieron en el conflicto, al igual que mi padre y muchos de mis amigos. Después de huir de Tshikapa (República Democrática del Congo), finalmente llegamos a una aldea en Kasai Central. Pero la situación no fue mucho mejor. Un día, mi mejor amigo llegó a nuestra casa y me dijo que me uniera a la milicia, esa era la mejor opción para niños como nosotros. Me negué a acompañarle. Pero todos seguimos en la misma aldea y la situación es muy mala. Algunos niños que estaban en las milicias vienen para jugar, pero nunca se quedan por mucho tiempo, porque los hombres armados siguen buscándolos para matarles. El chico que solía ser mi mejor amigo está entre ellos. De vez en cuando lo veo y cada vez está más delgado y se ha vuelto loco a causa de las drogas que le hacen consumir. Me gustaría hacer que vomite todo lo que ha tomado, pero no puedo porque a los miembros de la milicia no les gusta verme, porque me negué a unirme a ellos. Mi vida corre peligro en esta comunidad”. WORLD VISION
 
 
 
14. Kapinga y otros niños en las milicias en República Democrática del Congo reciben palos como armas. En la batalla, su trabajo era recoger las municiones gastadas en el suelo para arrojarlas a los soldados. "Cuando nuestras faldas estaban llenas, tirábamos las municiones a los soldados y se caían", explica Kapinga. Las milicias les dan armas de madera para que el enemigo piense que van armados, pero nada más lejos de la realidad. Están totalmente desprotegidos. Kapinga y los demás también reciben bandas rojas para atarse alrededor de la cintura. Les dicen que cuando estén cansados en la batalla, todo lo que tienen que hacer es tirar de la banda "para desaparecer e ir a cualquier otro lado". Hay muchas historias similares en las que los niños piensan que pueden teletransportarse y estar a salvo. La última batalla a la que acudió Kapinga casi acaba con su vida; recibió un disparo en el cuello salvándose milagrosamente. En ese momento tomó la decisión de abandonar la milicia de una vez por todas. Sus esperanzas para el futuro son simples: "Me gustaría volver a casa con mi padre." WORLD VISION

En el vientre de las dunas

Cuarta y última entrega de la serie Visiones saharauis, del fotoperiodista Gervasio Sánchez. La exposición con el mismo título se inaugura este miércoles en la Casa de los Morlanes, en Zaragoza.

Gervasio Sánchez
El Aaiún (Campo de refugiados)
07/02/2018
Resultado de imagen de heraldo

Visiones saharauis: En el vientre de las dunas
Vivir en un campo de refugiados desde que naces hasta que mueres. Crecer, madurar, envejecer confinado en el vientre de las dunas. Podría ser la hoja de ruta de la vida de cualquier saharaui después de más de cuarenta de espera en un destierro de arena y miedos.

Pasan los años, y las décadas, sin que se perciban cambios en el horizonte. Sin poder delinear el futuro como haría cualquier ciudadano de un país normalizado, con dificultades para vivir el presente embarcados en una lucha permanente por la supervivencia. Como si el tiempo se hubiera congelado y la esperanza fuese una invención.

Si no llueve se ahogan de sed. Si llueve demasiado, como ha ocurrido en los dos últimos inviernos, se quedan sin casas perseguidos por las epidemias. Si los donantes recortan la distribución de los alimentos primordiales se disparan los problemas sanitarios. Una canasta básica mermada aumenta la anemia en las mujeres embarazadas y provoca una reducción de peso en los recién nacidos.


“Vamos contrarreloj. En cinco años se puede disparar la malnutrición severa. Los niños nacen con un tercio menos de peso desde que empezaron los problemas de distribución de la ayuda humanitaria. La mortalidad infantil está creciendo aunque todavía no es alarmante”, explica un alto responsable sanitario saharaui.

El siroco, con vientos de 80 kilómetros por hora, impide ver a pocos metros. La carretera se recubre de una espesa capa de arena que hace que el coche, con neumáticos sin apenas dibujo, patine como si estuviese sufriendo aquaplaning. El conductor suspira cada vez que el vehículo se le descontrola y al final pregunta: “¿Se puede vivir así?” Y él mismo se responde: “No, pero se vive”.

La sensación de estar permanentemente comiendo arena durante los tres días que suele durar el siroco compite con la visión de las cabras rebuscando comida en las bolsas de basura casi siempre vacías que hay por todas partes o de los niños desplazándose a sus escuelas empujando las nubes de polvo.

Sorprende que los colegios funcionen con normalidad en condiciones tan dramáticas y que todos los niños saharauis estén escolarizados. Sorprende, incluso, que haya cinco centros de educación especial para discapacitados y cuatro más para ciegos con niños y niñas bien tratados.

Cruz Roja Española reparte semanalmente la dieta alimentaria del alumnado de los centros especiales, el combustible diario del transporte escolar y la reparación del mobiliario. Los niños discapacitados pueden hacer su principal comida diaria antes de regresar a sus casas. Se benefician del programa unos 260 niños de enseñanza básica y unos 1.000 internados de 15 a 18 años.

En el campamento de Bojador, 22 niños con diversidad sensorial (sordos mudos y ciegos) y de educación especial se benefician de esta ayuda que se distribuye semanalmente para mantener la calidad de los alimentos.

La dieta semanal es muy variada. De sábado a jueves los niños y las niñas comen platos distintos que incluyen arroz, lentejas, espaguetis, atún, sardinas, pollo congelado, huevos y muchas verduras. En el campamento de Auserd, con un censo de 42 discapacitados, la mayoría menores de edad, el plato del jueves es la tortilla española.

Aunque algunos niños no pueden acudir por falta de transporte, estar a menudo enfermos o porque sus discapacidades obligarían a tener una ayuda muy específica.

Farida Mohamed Saleh, niña ciega de 8 años, hace prácticas con una máquina de escribir Perkins en el campo de refugiados de El Aaiún. A su lado está Ene Mohamed Nayem, de seis años, que perdió la vista por culpa de una enfermedad degenerativa. Las dos niñas se llevan muy bien y se ríen de las bromas que les hace la profesora.

El director del centro es Elmani Sidi Ibrahim, nacido en 1963 y afectado por glaucoma cuando tenía 23 años. “Entre 1992 y 1999 viví varias temporadas en España, incluida una larga estancia en Zaragoza donde realicé un programa de rehabilitación de técnicas básicas para el manejo del bastón e hice un curso de braille en la ONCE”, recuerda emocionado Elmani. Las trabajadoras sociales aragonesas todavía lo recuerdan veinte años después. En 2013 acompañó a Durango a un grupo de niños discapacitados.

En los campamentos hay unos diez niños ciegos totales. Los que tienen entre uno y cinco años están en los centros especiales y a partir de los seis años asisten a la escuela normal con profesores de apoyo.

En el centro de discapacidad de Auserd trabajan catorce personas. Dos personas se especializaron en Cuba en atención a menores discapacitados. El resto ha estudiado alguna especialidad en Argelia y una persona se capacitó en lenguaje para sordos mundos en Getxo. “Somos conscientes de que necesitaríamos apoyo de especialistas españoles para mejorar el trato a los niños y las niñas”, explica Jamila Ibrahim, directora del centro.

El sueño de cualquier niño saharaui es participar en “Vacaciones en Paz , un programa de ayuda humanitaria y de sensibilización organizado por asociaciones solidarias con el pueblo Saharaui, el Ministerio de Juventud de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y las delegaciones del Frente Polisario en las distintas comunidades autónomas de España.

Su principal objetivo es posibilitar que miles de niños refugiados entre 8 y 12 años pasen el verano en España con familias acogidas y alejados de la dura climatología del desierto argelino, con temperaturas que sobrepasan los 50 grados centígrados. Durante su estancia los niños refugiados reciben un completo reconocimiento médico y el tratamiento adecuado a las dolencias diagnosticadas. En 2008 unos 9000 niños y niñas se beneficiaron del programa. En los últimos años se ha ido reduciendo el número hasta la mitad.



Visiones saharauis / Por Gervasio Sánchez

1 - Resistir desde hace 40 años

2 . Desaparecidos en el Sáhara

3.- Mutilados en el Sáhara.



(La exposición Visiones Saharauis, de Gervasio Sánchez se inaugura este miércoles, 7 de febrero, a las 19.00 en Casa de los Morlanes, Plaza San Carlos, 4. Se podrá visitar hasta el 1 de mayo. Los miércoles de febrero, marzo y abril a las 10.30 se realizarán visitas guiadas gratuitas para los centros de Secundaria y Educación de Adultos. También los sábados a las 19.00 y los domingos a las 12.00 habrá visitas gratuitas destinadas al público en general.


Resistir desde hace 40 años

Primera entrega del serial 'Visiones saharauis' del fotoperiodista Gervasio Sánchez. Este proyecto podrá verse a partir del próximo 7 de febrero en una exposición en la Casa de los Morlanes, en Zaragoza.

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Gervasio Sánchez
Bojador (Campamento de refugiados)
06/02/2018


Visiones saharauis: Resistir desde hace cuarenta años

Cuando llueve torrencialmente hasta el derrumbe de las casas de adobe, cuando el calor se agolpa en la cabeza y el dolor pesa como el plomo, cuando el siroco impide respirar y la arena se mueve como el oleaje en el mar, resisten.

Resisten desde hace más de cuarenta años en campamentos diseminados por centenares de kilómetros en territorio prestado. Resisten a una injusticia histórica que nadie quiere revertir. Los más ancianos sufren el exilio desde que eran jóvenes. Los más jóvenes ya son refugiados de tercera y cuarta generación.

Aunque no hay cifras oficiales ni tampoco un censo actualizado, se calcula que unos 206.000 saharauis, según cifras del ministerio de Salud, viven en los llamados campos de refugiados diseminados por la provincia de Tinduf, en el suroeste de Argelia. Son de origen beréber y hablan un dialecto árabe con características propias llamado hasanía.

Resisten en tiendas de campañas o en casas de adobe de estructura muy frágil. Carecen de agua corriente o luz eléctrica. Dependen de la ayuda internacional para subsistir que reparte el Alto Comisionado de Naciones para los Refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentos.

Asociaciones y ONGs solidarias con el pueblo saharaui organizan envíos de caravanas humanitarias que permiten mejorar la vida de los refugiados aunque un tercio de los niños sufren desnutrición crónica. La Media Luna Roja organiza y canaliza la cooperación y ayuda internacional. También se ocupa de atender las situaciones de emergencia.

Los campamentos de Tinduf cuentan con 2 hospitales quirúrgicos, 5 consultorios de atención primaria y varios dispensarios. Tienen 2 médicos, 6 enfermeros, 1 odontólogo y 30 camas de hospital por cada 10.000 habitantes. Varias comisiones quirúrgicas internacionales de urología, oftalmología, cirugía general, pediátrica y odontología visitan los campamentos dos o tres veces al año.

Los saharauis tienen sus propias estructuras políticas. Se llama República Árabe Saharaui Democrática (RASD) al Estado formado por la antigua provincia de lo que se llamó Sáhara español, ocupada ilegalmente en 1976 por Marruecos y Mauritania tras la retirada de España meses después de la muerte del dictador Francisco Franco.

La RASD ha sido reconocida por 84 Estados, si bien este número varía dependiendo de la fuente consultada. Es un estado miembro de la Unión Africana desde los años ochenta. El Frente Polisario, acrónimo de Frente Popular de Liberación de Saguía El Hamra y Río de Oro, es un movimiento de liberación nacional que lucha contra la ocupación de Marruecos y persigue la autodeterminación del pueblo saharaui.

Administra los campos de población refugiada diseminados por la provincia de Tinduf, al suroeste de Argelia, y los territorios liberados separados de la parte ocupada por un muro de 2.700 kilómetros.

Los campamentos de refugiados se llaman igual que las ciudades ocupadas del Sahara Occidental: El Aaiún, Auserd, Smara, Dajla, Bojador. Cada campamento es una wilaya o provincia y está formada por dairas, que son municipios. Rabuni es la capital administrativa donde se encuentra la sede del gobierno saharaui en el exilio, varios ministerios, protocolos y administraciones de los servicios públicos.

La historia no ha sido generosa con los saharauis. Cuando España abandonó su colonia en 1976 el Frente Polisario, fundado tres años antes, empezó una guerra contra Marruecos por invadir y anexionarse el territorio saharaui.

La ONU y la Organización para la Unidad Africana (OUA) consiguieron que ambas partes firmaran la paz 16 años después y aceptaran la celebración de un referéndum de autodeterminación en el que el pueblo saharaui elegiría entre la independencia o integración en Marruecos.

La ONU desplegó su misión en el Sáhara Occidental (la MINURSO) para supervisar el alto el fuego, que entró en vigor en septiembre de 1991, y organizar el referéndum de autodeterminación. Pero Marruecos empezó a estirar el tiempo y a ofrecer una autonomía en vez del referéndum pactado. Su intransigencia provocó un bloqueo total.

A pesar de que Marruecos esgrime derechos históricos sobre el Sáhara Occidental su reivindicación fue rechazada por la Corte Internacional de Justicia en un memorando con fecha del 16 de octubre del 1975 en la que afirmó que nunca habían existido vínculos de soberanía entre Marruecos y el territorio en litigio.

Marruecos ha conseguido sortear con el apoyo de aliados poderosos como Francia y Estados Unidos las presiones de la ONU. El Consejo de Seguridad dejó hace tiempo de hablar de referéndum y ha pedido reiteradamente una “solución política mutuamente aceptable” al conflicto.

En el último año las tensiones militares se han disparado y el alto el fuego corre gran peligro ante el punto muerto en que se encuentran las conversaciones políticas. Las escaramuzas entre los saharauis y los soldados marroquíes se han multiplicado a pesar de que el territorio está separado por un muro de 2.700 kilómetros que Marruecos empezó a construir en los años ochenta.

Los jóvenes saharauis sienten una gran frustración y hablan abiertamente de regresar a la guerra para poner fin a la injusticia. Están muy pendientes de las protestas que se producen a menudo en la zonas ocupadas desde 2005 cuando empezó una especie de intifada contra las fuerzas ocupantes.

Además, en los llamados territorios ocupados los tribunales militares marroquíes han impuesto duras penas a 19 activistas encarcelados desde 2010 cuando se produjo el desmantelamiento del campamento de Ddim Izik en el que murieron once policías marroquíes. Ocho fueron condenados a cadena perpetua y el resto sentenciados a penas entre 20 y 30 años de prisión.

En 2010 unos 20.000 saharauis se instalaron en 7.000 jaimas, a 15 kilómetros de la ciudad ocupada de El Aaiún, convirtiendo el acto en la mayor protesta civil desde 1976. Durante la operación de desalojo murieron once policías marroquíes, la mayoría atropellados, y dos saharauis, entre ellos un adolescente de 14 años. El bloqueo informativo impuesto por las autoridades marroquíes dificultó la presencia de periodistas y observadores imparciales durante los graves enfrentamientos.

Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional vienen insistiendo desde hace años en la necesidad de ampliar el mandato de la MINURSO a la observación de la situación de los derechos humanos. Esta misión es la única operación de mantenimiento de la paz en el mundo que carece de este mandato a pesar de que se estableció hace ya más de un cuarto de siglo.

Los refugiados saharauis se enfrentan a recortes de las ayudas humanitarias desde hace tiempo que agravan las condiciones extremas en las que viven. La ONU advirtió hace unos meses que "la suspensión de una parte de la ayuda humanitaria tendría un impacto severo en el seguridad alimentaria y el estado nutricional de los refugiados”, multiplicando los casos de anemia y desnutrición. Otras agencias de la ONU como el ACNUR y Unicef se sumaron al llamamiento realizado por la organización internacional.

Los dos últimos otoños han sido especialmente lluviosos. Las lluvias torrenciales han destruido los hogares de miles de personas y ha obligado al ACNUR a pedir ayuda internacional de emergencia para asistir a los refugiados de la crisis más larga y prolongada de la historia.

Los campamentos están situados en una región que sufre gran inestabilidad desde que empezaron los levantamientos populares de la llamada primavera árabe hace siete años. Algunos gobiernos como la Libia de Muamar el Gadafi han sido sustituidos por milicias que han convertido al país árabe en un reino de Taifas. La creciente presencia de grupos integristas está suponiendo un grave riesgo para la seguridad de todo el Sahel.

El secuestro de dos ciudadanos españoles y una italiana en octubre de 2011 en Rabuni hizo saltar las alarmas en la zona administrada por el Frente Polisario y obligó a las autoridades saharauis a potenciar las medidas de seguridad y restringir los movimientos entre los diferentes campamentos de refugiados.

Los militares saharauis también han tenido que incrementar los retenes militares, tanto en la provincia de Tinduf como en las llamadas zonas liberadas, con el objetivo de evitar que los territorios bajo su control se conviertan en rutas para el tráfico de drogas, armas, inmigrantes o lugar de paso para terroristas de Al Qaeda o de otros grupos yihadistas.

Papel mojado
El 2 de noviembre de 1975, el príncipe Juan Carlos visitó el Aaiún como Jefe de Estado en funciones y se comprometió a “proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui”.

Unos días después se firmaron los Acuerdos de Madrid en la que España ratificaba su deseo de descolonizar el Sahara, poniendo fin a sus responsabilidades como potencia colonial. En ellos se reafirmaba que sería “respetada la opinión de la población saharaui”.

La Oficina de Información Diplomática del gobierno español comunicaba el 26 de febrero de 1976 la retirada del Sáhara e insistía que “la descolonización no culminará en tanto la opinión de la población saharaui no se haya expresado válidamente”.

El 14 de noviembre de 1976 Felipe González visitó los campamentos de refugiados, mostró su repulsa por los acuerdos de Madrid, acusó al gobierno español de hacer “una mala colonización y una peor descolonización”, se comprometió con la lucha saharaui y aseguró que “nuestro partido (PSOE) estará con vosotros hasta la victoria final”.

Hubo que esperar hasta el 23 de mayo de 2003 para que el llamado Plan Baker firmado por Marruecos, el Frente Polisario, Argelia, Mauritania y la ONU propusiera una fecha concreta (“no menos de cuatro años y no más de cinco años”) para celebrar el referéndum de autodeterminación. El referéndum tenía que ser organizado y dirigido por la ONU y supervisado por observadores internacionales acreditados. Podrían votar las personas que tuviesen 18 años o más.

En 2008 Marruecos ofreció “un estatuto de autonomía en el marco de la soberanía del Reino y de su unidad nacional”. El Frente Polisario no tardó en rechazar el plan y Mohamed Abdelaziz, entonces presidente de la autoproclamada República Saharaui, definió como “colonial” la propuesta marroquí en un intento por “torpedear el proceso de paz”.

Primera entrega del serial 'Visiones saharauis' del fotoperiodista Gervasio Sánchez, enviado especial al campamento de refugiados Bojador. La exposición Visiones Saharauis, de Gervasio Sánchez se inaugurará este miércoles 7 de febrero a las 19 horas en Casa de Los Morlanes, Plaza San Carlos, 4. Se podrá visitar hasta el 1 de mayo. Los miércoles de febrero, marzo y abril a las 10.30 se realizarán visitas guiadas gratuitas para los centros de Secundaria y Educación de Adultos. También los sábados a las 19 horas y los domingos a las 12 horas habrá visitas gratuitas destinadas al público en general.


Organiza: Ayuntamiento de Zaragoza y Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental

Ahed: el guantazo que ha sacudido la moral del ejército israelí

4 enero, 2018
Javier Díaz Muriana
Público
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Su nombre es Ahed, tiene tan solo 16 años y se ha convertido en la nueva cara de la resistencia en Palestina. Ahed Tamimi fue detenida el 20 de diciembre en una redada nocturna en el que los soldados isralíes irrumpieron en su casa para llevársela. Lo que ha precipitado su detención es un video en el que la joven adolescente le da un guantazo a un soldado israelí. Un sonado guantazo que se ha sentido en todo Israel como una humillación a su ejército, la institución más importante del país. Una señal de rebeldía ante la ocupación que Israel no podía dejar sin castigo.
El castigo, como suele hacer Israel, siempre es colectivo. También detuvieron a su prima Noor, que vive un par de casas más abajo. Días después detuvieron a su madre, Nariman, cuando acudía a visitarla a la prisión y hace tan solo una semana detuvieron a su tia Manal, liberada ayer después de pasar 7 días entre rejas.
A pesar de ser una adolescente, Ahed está siendo juzgada en un tribunal militar israelí con una tasa de condena superior al 99%. Desde 2012, los militares israelíes han detenido a un promedio de 700 niños palestinos cada año, y más de tres cuartas partes de ellos han sufrido algún tipo de violencia física tras su detención, como torturas. En la actualidad, hay más de 400 niños y niñas palestinos en prisiones de Israel.
En su juicio, el fiscal del tribunal militar ha presentado 12 cargos contra ella, entre los que se encuentran amenazar con pegar a un soldado en el momento del arrestro, impedir que un soldado haga su trabajo, incitanción, tirar objetos a los soldados o parar a un soldado.
Las mujeres Tamimi
Las mujeres de la familia Tamimi ha liderado la resistencia pacífica en su pequeño pueblo, Nabi Saleh, habitado por poco más de 600 personas a escasos 50 kilómetros al norte de Ramala y rodeada de colonias israelíes. Otro lugar cualquiera de la Palestina ocupada si no fuera por el protagonismo femenino en la resistencia contra la ocupación y por la imagen que se han granjeado las Tamimi desde muy pequeñas, brindando alguna de las imágenes más irritantes para la credibilidad del ejército israelí.

Ocurrió en agosto de 2015. La niña, ataviada con la camiseta rosa de piolín es Ahed y tan solo tenía 14 años. Defendía a Mohammad Fadel Tamimi, su primo de 12 años, de ser arrastrado por un soldado a las cárceles de la ocupación.
Dos años más tardes y horas antes de la famosa bofetada que le ha devuelto a la palestra mediática, su primo Mohammad recibía un disparo en la cabeza que lo ha mantenido entre la vida y la muerte y le ha provocado graves secuelas de por vida.
Días antes de esa bofetada los soldados volvían a entrar en Nabi Saleh, su pequeño pueblo, como de costumbre, como hacen cada semana desde hace décadas, a sembrar miedo y terror por doquier. En las tierras de acceso al pueblo, los casquillos de los gases lacrimógenos, las bombas de sonido, las balas de goma y de munición real compiten en presencia con la hierba. Los Tamimi los recogen y los exponen para denunciarlo antes los medios. A menudo el aire es irrespirable, sobre todo para los visitantes, periodistas y activistas. No para ellos, ya están acostumbrados. Es su dia a día, el día a día para el que educan a sus hijos con el objetivo de que no tengan miedo. Porque tener miedo en tu propia tierra significa darles tu vida al intruso, al ocupante extranjero.
Por eso Israel teme a esta niña de 16 años, por que su desafío ataca al corazón de la ocupación y desenmascara la verdadera naturaleza de la misma, la de un gran ejército de ocupación extranjero contra una población indefensa. Una imagen que deslegitima las violencias que ejerce Israel contra los palestinos como ya lo hiciera en la primera y segunda intifada las fotos y videos de niños lanzando piedras a los tanques. Algo que Israel no va a permitir que vuelva a ocurrir.
Pero lo que más irrita al gobierno de Netanyahu es que Ahed se convierta en un ejemplo para una generación que debiera, para Israel, olvidar la ocupación, sumirse en la rutinaria deshumanización de los puestos de control militares, las redadas nocturas, las detenciones, humillaciones constantes y la discriminación racial. La generación de la transferencia voluntaria, una generación que tendría que haber normalizado la ocupación, como lo ha hecho la comunidad internacional y que encuentra en Ahed un acicate para la rebeldía, para la insurrección. Un ejemplo a seguir.
La detención de las mujeres Tamimi es también un síntoma de la guerra de Israel contra las mujeres. Una guerra que demuestra que la fortaleza de la resistencia reside en las mujeres, por que son ellas las que están manteniendo la memoria viva, algo que décadas de limpieza étnica continuada no han podido lograr, a pesar la judaización de la palestina histórica. Una memoria que transmite no solo el idioma y la cultura, sino también el recuerdo vivo de los lugares de procedencia de los refugiados, aquellos pueblos arrasados por tropas sionistas en la Nakba “El Desastre”, hace 70 años. Una memoria que pervive en la nueva generación de palestinos a los que hoy pone rostro una jóven de 16 años con una larga cabellera rubia.
Ya ha pasado más de dos semanas desde la detención de esta joven heroína, la Malala palestina, con un silencio mediático en occidente mezquino y sepulcral. ¿Donde están las organizaciones de derechos humanos para reivindicar la figura de Ahed en la construcción de referentes de empoderamiento de la mujer? ¿Donde están las organizaciones feministas para salir a la palestra y demandar boicot a Israel ante la detención de una niña ejemplo de liderazgo, autonomía y lucha por la emancipación?
La guerra de Israel contra las mujeres y las niñas que resisten de forma activa la ocupación exige una respuesta internacional sólida y sin fisuras. Una respuesta que lleve de forma explícita una estrategia global que respete las estrategias locales: impulsar la campaña de boicot a Israel desde las organizaciones feministas como una forma de acabar con todas las formas de opresión, incluida la ocupación.